miércoles, 29 de julio de 2009

Momentos

Hay momentos que a uno le gustaría volver tangibles y archivarlos en cajas contenedoras para no olvidarlos nunca y tenerlos a mano en los días grises. La mente no siempre juega buenas pasadas, y olvida colores, sonidos, aromas, con una facilidad asombrosa. Desearía convertir esos momentos en algo más sólido, menos etéreos que una pompa de jabón, y agarrarlos y aferrarlos con fuerza con tal de que me transmitan su calor. Lamentablemente eso solo se vuelve posible en las imaginaciones poderosas, o en los sueños más vívidos, pero no en la realidad, y los momentos son momentos y pasan como pasa el tiempo en cualquier circunstancia de la vida, por más que a veces parezca que va más despacio o con más prisa. Hay algunos elementos que facilitan la fijación de los momentos, como objetos del lugar visitado, fotografías, notitas al pie dejadas en algún boleto de colectivo o entrada de cine, o simplemente con una conversación amena que lleve a evocar eso que nos hace tanto bien, por su sencillez o por su naturalidad, o por más cosas a la vez.
¿Qué pasa cuando esos momentos jamás ocurrieron, y solo existen en la mente de quien los añora? Se vuelve aún más complejo aferrarse, porque son como espejismos en una ruta transpirada, que se ven pero no se ven. Como si jugaramos un juego con alguien que nos cae mal. Los sueños a veces son eso al comienzo, momentos que se añoran pero que no han ocurrido aún, y que de no tener fe (y recursos, claro) estallan en el aire. ¡Hoy añoro tantas cosas! El burbujero produce a toda velocidad. Estos sueños tienen poca materialidad, comienzan algunos a tener forma y otros ni siquiera eso. Pero yo cierro los ojos y están ahí, bailando ante mí como si nada, como si ayer los hubiera vivido y hoy su recuerdo me atrapara en la oscuridad.

martes, 7 de julio de 2009

Hoy

Escribo mi historia en nuevas hojas. Nuevos son los caminos que ahora debo recorrer. Si tan solo el pasado fuera como una prenda de vestir, que se quita de encima y se guarda en el cajón, ¡qué fácil sería! Pero no. El pasado, en todas sus posibles formas, es más bien como un tatuaje. Una imagen o sensación grabada a fuego en la piel. Tatuaje que no es estático sino que tiene movimiento, que se pasea por el cuerpo haciéndose más o menos visible según la fragilidad emocional de quien lo posee.
He vivido siempre pendiente de mi pasado. De mis cuentas pendientes, de mis errores. De a quien defraude, quien ha sido lastimado por mis actos. Pocas veces recordé las cosas bien hechas, aunque si aparecieran los recuerdos que me hacían sonreír. Escribir del pasado fue siempre mi karma. No creo en el destino inamovible, así que es hora de que este karma empiece a cambiar. Ya no más llorar sobre la leche derramada, sino contar el presente, inventar el futuro. Los nuevos senderos llevan lejos mis pies, y debo seguirles el ritmo.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Identidad

¿Qué es la identidad? La verdad que muy bien no sé. Creo que es eso que hace que nos identifiquemos y nos diferenciemos de otros, nos da un marco en el cual decir "yo soy esto y no soy otra cosa". Pero es extraño. La mayoría de las cosas que se dice que nos dan identidad son cosas que no hemos elegido. Cosas impuestas por obligación o por azar. No elegimos el nombre que nos ponen. No elegimos cuando nacer, dónde vivir o a qué escuela ir. No elegimos a nuestros padres, abuelos, tíos. No elegimos la lengua en la cual hablamos. Y tanto con estos ejemplos como en otros se da la misma repetición. No tenemos posibilidades de constituir una identidad propia hasta llegar a una cierta edad, una cierta etapa de la vida, donde parecería que somos más libres y más independientes de todo aquello que hasta el momento nos daba identidad. Pero no sé si será realmente así. Cuando parece que lo es, comienzan la crisis, las preguntas incomodas. ¿Quién soy yo? Soy mujer, soy joven, soy hija, soy hermana, soy amiga, soy compañera, soy estudiante, soy argentina. ¿Soy argentina? ¿Qué es eso? Es una categoría impuesta. Yo no elegí ser "argentina", con todo lo que eso implica. Y esa, actualmente, es una de las categorías que más problemática me resulta en lo que a identificarme se refiere.

(continúa)

martes, 29 de julio de 2008

Una vez más se presenta la oportunidad de llegar más alto y dejar de sentir el vacío al que la vida nos tiene acostumbrados. Otro rostro, otra voz, un latido diferente que choca contra mí, desafiando mis esquemas y las fortalezas de cartón. Ya no alcanza con escalar la torre más alta: de ahora en más hay que poder derribar los muros. ¿Qué sentido tiene barajar y dar de nuevo si no cambiamos el juego? Apostemos lo que hay y lo que no, también; apaguemos de una vez por todas esa atrevida luz intermitente que grita de miedo con cada caricia bien hecha. Yo confío y le doy la chance al futuro de sorprendernos. Hasta ahora, no deja de hacerlo, y de hacerlo bien.

un desvelo creativo

Beli: y cuando te tengo enfrente me reduzco a un niño. En ese preciso momento, mi cerebro involuciona años luz y predomina el instinto. Creo que huelo en vos los mismos sentimientos que hacen eco dentro de mi pecho pero no me animo a preguntarte. Por miedo a que sea solo un eco, y solo en mi pecho. Creo, creo, creo.

Anu: ¿y qué es la vida sino una suma de creencias? por empezar, el creer que estamos aquí, que somos esto y no otra cosa. nuestra fe construye y mantiene en inestable equilibrio a ese castillo de naipes que representa nuestro existir. y a pesar de que a veces el viento se vuelva huracán y voltee cada carta del revés, nuestra fe junta las piezas y la vuelve a construir. y en el momento que no es capaz de hacerlo, cuando la fe se pierde y la desesperanza borra el reflejo en todos los espejos, ya no hay más que decir: la vida se escapó por la cornisa.


s o l o s é q u e m i s a m i g o s s o n t o d o l o q u e s o y.

domingo, 20 de julio de 2008

...

Ella se encontraba al costado de la cama, viendo como en su agonía se retorcía en sueños. Habían pasado varias horas y seguía ahí, a su lado, tomándole las manos, con los ojos cerrados y las lágrimas cayendo de una sobre sus mejillas, en un lamento lento y desgarrador. Solo levantaba los párpados de vez en cuando para volver a observar sus manos, como tantas veces lo había hecho en su vida juntos.
Esas manos, fuertes, rozagantes, estaban llenas de marcas de una vida siguiendo rumbos ajenos a su primer destino. Su blancura contrastaba con pequeñas cicatrices, que en vez de agrietar su aspecto las embellecía más aún. Sus manos decididas y valientes, como todo en él, que incontables veces han recorrido su cuerpo suavemente, con caricias improvisadas o adrenalina pasional, que le han arrancado las ropas y la vergüenza, esas manos que han rozado sus labios y detenido su prisa, hoy se encuentran frías, inmóviles, azuladas. Encarnan una muerte que se aproxima sin poder siquiera robarle unos segundos más de alegría: el espanto hecho carne.
Ella continúa extrañandolo en el silencio de su agonía: ¿cuántos han sentido calor antes desconocido gracias a esas manos en principio extrañas, luego amistosas y por último necesarias? ¿Cuántos lo lloraran mañana, como ya lo hacen ahora, cuando ya no esté? La promesa de un nuevo rumbo para los pueblos cansados quiere irse junto con la vida de este hombre, que supo luchar con todo el dolor de su espíritu para y junto a otros. Pero no es lo que el querría: él continuaría, sin descanso posible, continuaría esa búsqueda de justicia para aquellos que gastan su vida soñando una sola palabra, una sola realidad: libertad.
Ella se levanta, limpia sus lágrimas, le besa las manos. El mundo no se detiene, y ella debe ocupar ahora su lugar.
Me cuesta mucho expresar lo que siento en estos días, me está faltando inspiración. Las palabras ya no vienen a mí con tanta facilidad como de costumbre... es por eso que contar lo que tengo adentro en estos instantes se vuelve una tarea un tanto complicada. Sucede a veces que me encuentro rodeada de gente que dice quererme con toda su alma, pero me siento sola y confundida como si en realidad estuviera varada en un desierto vasto y helado. No tengo el poder de juzgar a nadie, eso lo sé, pero las formas de reaccionar ante el mundo que rodea sus pequeñas existencias choca a toda velocidad con mis puntos de vista, y el resultado es un ahogo violento de mi parte y ágil cambio de tema por parte de mis interlocutores. Me hago esta pregunta: ¿el individualismo tiene que ver con la inmadurez? ¿O es algo que viene dado con la crianza, con los discursos que nos atraviesan cada día sin que podamos notarlo, con la educación o la tradición? A la hora de las quejas todos tienen la última palabra, fuerte y pragmática como si se hubiera entrenado, pero si alguien habla de pensar soluciones lo que sobran son las risas, burlas o vacío de ideas. No sé si si existirá alguna forma de revertir esas malditas costumbres, pero si sé que necesito verdaderas conversaciones para sentirme útil, no monologos interconectados por cariño histórico.