miércoles, 30 de diciembre de 2009

Últimas líneas de un tiempo que se acaba


Respirá hondo. Mirá, ¿no sentís acaso un perfume fresco, frágil, viajando por el aire? Yo sí, yo lo siento. Huele a libertad. Siempre buscamos armonía en las flores, en los pequeños animales, en los ríos. En los viejos sabios. Tanto tiempo buscando, sin saber, sin ver que en realidad la armonía está acá. Está adentro. Vení, dame tu mano. Hacia arriba y hacia abajo hay un mundo en movimiento, un mundo que no para de crecer. Semillas de cambio nacen y mueren en el interior de cada quien, lo que cambia es la fecha y hora del alumbramiento y de la defunción. ¿Ya firmaste el acta de las tuyas? Yo no lo creo. Creo que están germinando, brotando, como esos porotos con papel secante que mostraban sus retoños en los frascos de vidrio de nuestra infancia. No se necesita un laboratorio para hacer crecer los sueños. Es más fácil, o quizás increíblemente difícil. El desafío es poner algo de uno. Abrir la mente, los ojos, los labios, las piernas, los poros. Dejar de poner excusas. Ni vos ni yo sabemos si la vida es una, o son muchas vidas que se multiplican al pasar los siglos, encarnando en cuerpos diversos. Lo que si sabemos es que estamos acá, que somos acá, existiendo dentro y fuera de todo. Dejémos que el fuego arda, encendámonos, eclipsémonos. Te invito a iluminarte... ¿aceptás?

Feliz año nuevo, शािन्‍त (shanti) para todos!

domingo, 13 de diciembre de 2009

La Última Cena - Cuento final del taller

Esa noche, Naty y Diego habían sido invitados a una cena íntima para festejar el 1º aniversario de casados de sus mejores amigos, Poli y Nacho. El año transcurrido había sido bastante tumultuoso para las dos parejas, entre viajes, mudanzas y nuevos trabajos, y no se habían visto desde la fiesta de casamiento. Los nervios se sentían ya antes de salir de casa. Naty estiró por vez número diez sus medias de nylon hasta que su traicionera uña del dedo gordo terminó corriendola de punta a punta. "La puta madre, pensó ella, era el último par que tenía y sin medias no puedo ir, mirame los pelos que tengo!". Sudando, decidió cambiar vestido por pantalón largo, y se miró al espejo desconfiada. ¿Se le notarían los kilitos de más? ¿Y el corte de pelo? Mientras tanto Diego desde el baño se acordaba de toda la familia de la pareja amiga a los gritos, maldiciendo hora y lugar de la llamada invitatoria. No es que no los quisieran; por supuesto que los querían. Los querían lejos, entre más lejos mejor, sobre todo desde el papelón que pasaron en la fiesta, con los vestidos rotos y los trajes vomitados. Pero seguir rechazando invitaciones era algo insostenible. Ambos estuvieron de acuerdo: hay que ir, y punto. Las palabrotas seguían sucediendose a borbotones al subir al auto, nivel que fue descendiendo paulatinamente a medida que se acercaban al bar. Con una última mirada que trato de ser tranquilizadora, Naty y Diego bajaron del vehículo. Agarrándose fuerte de la mano, respirando hondo, entraron al lugar.

"¡Por fin!", escupió una chillona voz femenina desde una de las mesas. "Ya le estaba diciendo a Nacho que no iban a venir, que se habían asustado, que boluda eh! Cómo no iban a venir, con lo que los extrañamos! Y sí, los llame con el pensamiento.", terminó Poli en un segundo y medio. Nacho la miró, empelotudizado como siempre con sus gestitos de gata en celo, y suspiró. "Y vos que decías que se le iba a pasar: mirá como lo tiene agarrado de las pelotas. Que mina increíble..." le susurró Naty a Diego en el tono de voz más bajito que encontró. "Ay Naty, que linda estás! Bueno, un poco más gordita igual, pero siempre tuviste esa tendencia... Y Dieguito, que raro tan barbudo, te metiste en algún lado? Viste que a mi los barbudos no me inspiran confianza, tienen algo que esconder. Pero lo que dicen del vino es cierto, con los años te ponés mejor..." terminó Poli, con un gesto que insinuaba, como de costumbre, que a la primera de cambio se lo curtía en el baño. Diego sonrió incomodo, Naty tragó saliva. Al momento se acerco una de las mozas a la mesa, rompiendo el hielo. "Buenas noches, mi nombre es Ana y soy la encargada de atenderlos está noche. ¿Puedo tomar su pedido?". "Volvé en un rato chiquita, estamos esperando a dos personas más. Cuando lleguen te hago una seña", le disparó Poli mientras la relojeaba de arriba abajo con menos cordialidad que asco. La joven se dio media vuelta y despareció de la vista. "¿Y a quien esperamos? Pensé que eramos solo nosotros cuatro" dijo Diego, conteniendo la respiración. "Ah, mi chulita no les dijo? Viene mi hermana" contestó Nacho. Naty se quedo furiosa y palidamente dura, Diego se sonrojó un poco. "¿Tu hermana?". "Si, Luli, viene con su nueva pareja. Es la presentación oficial. La invitamos y matamos dos pájaros de un tiro, no es genial?" dijo maliciosamente Poli. "La puta que los recontra parió, yo sabía que no teníamos que venir, esa loca de mierda se acerca un paso y le revoleo el plato, sí, sí, se lo revoleo, con cubiertos y todo" pensó Naty. Diego seguía inmovil y colorado.

En eso la moza trajo la carta de vinos y bebidas, ofreciendo alguna entrada mientras tanto. “No nena, te dije que hasta que no vengan todos no, ¿sos lela?”, batió Poli, exasperada. “Bueno señora, es mi trabajo, tenga un poco de consideración.” “No seas desubicada y tomatelas, que estamos bien así” le dijo Nacho por lo bajo. Diego y Naty se miraron confundidos, sin poderlo creer. Su amigo realmente estaba cambiado. Era como si un monstruo o un espíritu maligno se hubiera apoderado de la totalidad de su ser. Naty se imaginó como una serpiente verde y roja se le enroscaba alrededor del cuello y le entraba por las orejas todas las mañanas. Era propensa a este tipo de suposiciones. Con su amigo serpenteado, poco podían hacer para pararle el carro a la harpía de su mujer. No quedaba más que esperar.

Pasaron unos diez gigantescos minutos en que la harpía no paro de expulsar veneno hacia todos los frentes y el serpenteado la miraba como si fuese una mina de oro, hasta que el ruido de tacos altos de Luciana los sorprendió por la espalda. “¡Hermanito! ¡Cuánto tiempo sin verte!”. Todos la miraron, pero en especial Naty. Estaba cambiada. El pelo rojo fuego con mechones fucsias había pasado a ser un calmado caoba, la cara de hermetismo cocainómano mutado a gestos más calmos de porrito y tranquilidad. Durante el casamiento había perseguido a Diego desde el minuto cero, ya sea con insinuaciones o directamente abalanzándose sobre él durante las tandas de baile, coronando la noche con un enorme vomito azul sobre el vestido de Naty. Lamentable. Pero ahora, parecía otra persona. Quizás fuera por su nuevo… ¿novio? A los cuatro los ojos se les pusieron como platos de sopa, sumado al sudor frío que corría por la frente de Poli. “Nacho, Poli, Diego, Naty, les presentó a Anita, mi novia.” Una morocha preciosa apareció desde atrás, con atuendo que dotaba de los años del flower power. Todos las siguieron con la mirada endurecida de confusión cuando se sentaron en la mesa tomadas de la mano, a la vez que Luciana llamó a la moza. “Ana, chiquita, ¿cómo estás? Traenos lo de siempre por favor”, “si Luchy, cómo no, ya pensé que no venían. Hola tía!” dijo mientras le daba un beso a la ¡¿novia?! de Luciana. Hecho esto, dio media vuelta y partió hacia la cocina. Las parejitas se miraron entre sí. Nacho, pálido; Poli, con las sienes latiéndole a 200 por hora, colorada como tomate; Diego con cara de poker. Lo de Naty merece un relato aparte. Rapidamente acomodo la mueca hacia una amplia sonrisa, apunto su silla hacia las recién llegadas, y comenzó a hacer preguntas cálidas. Que dónde se conocieron, que cuánto hace que están juntas, que a qué te dedicas Anita, que qué linda pareja hacen! Por fin Poli logró articular palabra. “Luuu, luci, Luciana, pepero vos qué te pensaste, que iba a ser cocomo si nadda?!?!?! ¿Qué tu hermamamano y yo lo vamos a aceptar? ¡Vos nos querés cagar la vida! ¡TORTILLERA! ¡LOCA! ¡PUTA!”. Nacho la tocó en el brazo y le trató de decir “pero mi vida, no es para tanto, tranquilizate…” mientras ella seguía balbuceando insultos incomprensibles y su cara se iba inflando como un globo. Naty cruzaba los dedos por debajo de la mesa, rezando en silencio para que explote de una vez y los deje a todos en paz. Luciana la miraba altiva y se reía a carcajada limpia, hasta que la harpía calló y dio lugar a una respuesta. “Pero cuñadiiiita, cuando besabas con Frida en el baño en la fiesta de casamiento no parecías tan homofóbica… qué pasó, ¿la vida de casada te hizo puritana?”. Ahí Naty y Diego ya no dieron más, y dejaron que la risa les salga corriendo por todos los poros. Al oír la revelación, el globo se desinfló y cayó al vacío, mientras la serpiente que habitaba dentro de Nacho salía a dar una vuelta enroscándosele en el cuello a su compañera, asfixiándola. Con su voz más fría y rocosa dijo “Melisa, nos vamos. Me parece que tenemos que hablar. Disculpen chicos, nos vemos otro día”. Dicho esto, tomo a la Poli llorosa y asfixiada del brazo y se la llevo hacía un final que la imaginación de Naty ya no podría prever. No habían pasado ni dos minutos cuando Ana trajo cuatro platos con la pasta más apetitosa del mundo y una botella de champán. “¿Se fueron? Qué lástima. Ojalá les guste, la casa invita” dijo maliciosamente y les guñó un ojo antes de darse vuelta. Anita habló primero: “el restaurante es mío, y mi sobrina lo maneja, aunque haga de moza. Ya nos imaginábamos que esto iba a pasar, pero estaríamos muy contentas de que se queden con nosotros esta noche. ¿Qué dicen? ¿Se quedan?”. “Obvio mujer, abrí esa botella que tengo mucha sed”, respondió Naty mientras con una mano alzaba su copa y con la otra apretaba la de Diego, a su lado, que sonreía una vez más. Al fin y al cabo, ya no sería una noche demente, en el sentido que habrían podido esperar de la palabra.

sábado, 24 de octubre de 2009

Encuentro Nacional de Mujeres 2009

Los viajes cambian a la gente. Eso lo escuché muchas veces. De lo que estoy segura, es de que pocos pueden tocar esa fibra intimísima dentro de uno y hacerlo vibrar, como éste logró en mí. Ya había estado en San Miguel de Tucumán dos veces, pero solo como punto de partida y punto de salida de un recorrido mucho mayor. No había visto más que algunas pocas calles, unas pocas plazas. La ciudad no se había registrado con fuerza alguna en mi retina. Esta vez fue diferente. La recorrí de punta a punta, en compañía de un inmenso lío de piernas, vientres, manos, senos y ojos que se diferenciaban por miles de cosas, pero que convergían en un punto crucial: la condición de ser la cabeza debajo de la bota. De ser el último orejón del tarro. De sufrir constantemente la humillación, la subestimación, la estereotipación. Ser agredidas, violentadas, olvidadas. Todas nos unimos en eso que nos hace débiles para hacernos fuertes, y así, de una vez, poder ser, no lo que quieren de nosotras, sino lo que nosotras queramos ser. La exuberancia de nuestros gritos, de nuestro bailar alegre y seguro, de llevar con orgullo el peso de muchas cargas, conmovieron a más de uno y enfurecieron a muchos. Una mujer que quiere ser libre no es bienvenida en tierra de cruces y rosarios, donde una institución maneja muchos más recursos, económicos y humanos, que cualquier poder político de turno. Su dominio depende de que todos los que están bajo su tutela y control sigan aceptando sumisamente su destino. La historia lo demuestra: quien ha necesitado sistemáticamente la violencia y la sangre para gobernar, intentará seguir gobernando a costa de que esa violencia se vuelva sangre en carnes más frescas. Representantes de esta sagrada hipocresía se hacían presentes por decenas en las puertas de las escuelas más combativas. Dentro de ellas, voces femeninas defendían lo indefendible, y degradaban el derecho de las mujeres a decidir, ya sea sobre su cuerpo, ya sea sobre su sexualidad, ya sea sobre su condición de posibles madres. Indiferentes ante cifras que aterrorizan y con comentarios realmente aterrorizantes, se despachaban sobre derechos fundamentales de las mujeres, sin incluirlas. Muchas hicimos eco de esta agresión, y rompimos con las comisiones en que esta injusticia ocurría. Nos juntamos de manera independiente, rehuyendo de su esfera inquisidora, con varias discusiones, peleas, cantos y hasta trompadas de por medio en algún caso. Los conflictos no cesaron en el día y medio que duraron las jornadas de "reflexión y consenso". Varias caretas cayeron en el final de un patético carnaval, mostrando verdaderas traiciones. A pesar de todo, la diversidad y la lucha se hicieron presentes tanto en calles como en plazas, inundando la ciudad de colores y frases que no tienen como destino irse con el viento. Es lo que mis fotos intentan retratar: la resistencia no pasa sólo por un discurso, que suele correr el riesgo de convertise en pomposo y repetitivo. Pasa por el poder de movilización y creación de las personas, que juntas son más que la suma de las partes. Por la necesidad de reconvertir situaciones asfixiantes en acciones exuberantes. Necesidad de que los gritos se oígan y abran ojos y bocas a la vez. Una vez más, las mujeres (y no sólo nosotras) dijimos basta. ¿No es suficiente eso para hacer vibrar, no sé si a un corazón, pero al menos al lente de una cámara fotográfica?

lunes, 14 de septiembre de 2009

Mujeres a b c darias

Antes asustada, alinieada, asfixiada; ahora ansiosa, alerta. Bastardas bellezas breves, bebibles, buscan cabernos comiéndonos complacidas. Cantando con clase caminamos. ¿Cuándo dictaminamos dejarnos deglutir, dejarnos explotar? Estamos estatalmente eliminadas, eternamente excluídas. Féminas fervientemente fabricadas, fácilmente guardadas, gastamos gritos, gemidos, groserías. Hacia hacer hitos históricos hoy inclinámonos, inabarcables, inexplicables, irracionales. Inclasificables. Juntas jugamos jubilósas, justamente justificadas. Kilos ligeros, lieros. Lejano lecho, lejanos límites: locas literalmente malditas. ¿Mentirosas, miserables, manejables, machistas? NUNCA. Nos niegan, ningunean. No nos olvidan. Otra ocasión oníricamente ordenada, orquestada, preséntase para pensar palabras pedagógicamente potentes, parcialmente palpables. Pereceremos, pero progresaremos. Podemos quizás querer que ríos rojos rápidamente retomen revoluciones retrasadas: risas reaparecerán. Tenemos tarada tardanza, tiempo tirado tontamente. Transgredamos tintes ultimados, utopías untuosas. Volvámonos vulvas vivaces, veloces, voluptuosas. Violentemos vacíos: vengan vainillas, whiski, waffles, xocoatole y yerbas. Yacemos yuxtapuestas, yeguas y zorras zurdas zapateantes.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Funes el desmemoriado

Relato escrito como respuesta, nexo o paralelismo al cuento "Funes el memorioso" de J.L. Borges. Tomenseló con soda, o como quieran. Para entender mejor, en la página http://www.literatura.us/borges/funes.html se encuentra el texto citado.

Ya no creo en las casualidades. Una serie de situaciones a lo largo de mi vida lo han demostrado, pero hoy más que nunca me encuentro plenamente convencida. Hace cien años, aproximadamente, mi tatarabuelo sufrió un accidente que cambió su vida para siempre. Hace dos meses, en un día parecido a aquel, mi hijo mayor también tuvo un accidente, por cierto muy similar. Como podrán esperarse, su vida también cambió. Cambió drásticamente, y auguro desesperanzada que también será permanente.

Mi familia ha sido históricamente reconocida en este decadente y chismoso barrio como una familia de excéntricos enajenados. Una juntada de desvergonzados irracionales. Pueblo chico, infierno grande. La gente teme lo que desconoce, y desprecia lo que teme. Cada nuevo habitante parido en el salón equivale a un nuevo rumor a ser divulgado. Todo comenzó con Irineo, el memorioso. Aún se conservan, entre folios sagrados, sus relatos sobre el maravilloso conjunto de colores, sonidos y sensaciones que conforman el mundo. Por su accidente, la fama de los Funes mutó del brillo colonial a la mística esotérica. Cada persona con quien conversaba huía despavorida; solo unos pocos apreciaban su visión inigualable. Recordaba todo, con tanto detalle que los contornos se desdibujaban y cada parte, cada pieza, cobraba autonomía. Luego de él nos tocaron tics eclécticos, pasión por los cítricos, quien decía comunicarse telequineticamente con las petunias. Mi hermano jura ver el futuro en la forma en que se empañan los vidrios. A las mujeres nunca nos llegó ningún don sobrenatural o sorprendente. Sin embargo, las Funes nos hemos caracterizado por factores más mundanos: rebeldías varias, caridad inaudita, viajes interminables llenos de nuevos críos sin padre a la vista. Emanuel es de esa calaña, de la tipología "los Funes caídos del cielo".

Mi hijo hasta ahora ha sido mi mayor alegría. Larguirucho, vivaz y pecoso, saltando de un lado a otro como grillo endiablado. Hasta ahora, digo, porque su accidente me ha llenado de problemas. Como madre soltera he sabido apoyarme en él para todo; hoy día soy sus ojos, su anotador, su bastón.
No recuerda. No logra grabar en su mente ni un ápice de realidad circundante. Ni siquiera los contornos. Los recuerdos de segundos pasados se le escurren como agua entre las manos.
Conversa entusiasmado sobre su paseo por el parque, y luego de preguntar por el almuerzo, declara que no sabe como llegó, vestido, de la cama a la cocina.
Canta a los gritos su nueva canción preferida, hasta que se calla de golpe y me pide que le recuerde que era lo que yo estaba tarareando.
Pierde libros, paraguas, buzos, novias.
Se presenta tres veces con la misma persona.
No concurre al médico, porque a mitad de camino se desacuerda la cita y el lugar.
A veces come, a veces no.
Duerme sin culpas, vive sin tiempo.
Nunca lo vi tan feliz. Solo de vez en cuando se entristece, al mirar fotos viejas o verme abrazar antiguas amistades. Para él, todo es presente.

Como su madre, estoy perdiendo las esperanzas de que vuelva a la normalidad. Supe que a mi tatarabuelo solo la muerte le quito la posibilidad de recordar. Espero que no sea el mismo funesto personaje el que le devuelva a él sus escurridizos recuerdos.

martes, 11 de agosto de 2009

Mi vida según los signos de puntuación

Sé que no soy un punto, y lo sufro bastante: me suele costar ponerle un fin firme a las cosas. Siempre abandono algunas por la mitad; otras, las suspendo por tiempo indeterminado; incluso dejo a otros la sensación de que tienen alguna oportunidad conmigo, cuando en realidad se les han acabado todas. Podría decirse quizás que soy unos puntos suspensivos, pero tampoco es la idea. No es el suspenso lo que guía mi falta de decisión, sino motivos más extraños, sin bordes definidos previamente. Quizás sea más una cuestión de intuición, o de alarma interna. En esas situaciones, me transformo en un signo de pregunta gigantesco, que busca hasta la desesperación (o la desesperanza) las razones de mis problemas, de mis intuiciones. Soy también un signo de pregunta, porque me sale de adentro cuestionar casi todo lo establecido, lo estático; lo que no se sabe porque está ni quien lo puso ahí. No me gustan las imposiciones de los demás. Me molestan los guiones, los que intentan limitarme sin amor ni preocupación, sino simplemente porque no encajo en lo que se espera. Ahí me transformo en un corchete, tratando de introducir luz a lo obvio, a los que todo dicen que es, simplemente porque sigue la corriente invisible que los guía. En esos casos, puedo ser a la vez paréntesis y apóstrofe, porque hay cosas que no se ven a simple vista; que se ven pero se niegan; que parecen mutar la realidad a un idioma desconocido, que merece una explicación. El sufrimiento de otros merece explicación, merece un límite, y no dudu en transformarme en una barra para tratar de limitar en los otros los pensamientos duros, tristes, que no llevan a nada. Que no construyen nada. Hay que ser un poco punto y coma, e intentar unir lo que no está unido en apariencia: mostrar que cosas aparentemente desunidas, si lo están por lazos fuertemente creados. Siendo todo esto que soy, me lleva a sacar dos conclusiones. La primera, es que definitivamente me cuesta ser una coma, darme pausas o respiros. Constantemente me empujo a seguir intentando cumplir con mis expectativas y sueños, aún cuando mi mente y mi alma muestran en el cuerpo lo agotada que estoy. Y si esto es así, es porque no hay tantas comillas; comillas que, como yo, van en el sentido contrario al normal.

(Primer trabajo del taller de escritura creativa, que consistió en describir nuestra personalidad utilizando los significados que adopta cada signo de puntuación en la escritura.)

domingo, 2 de agosto de 2009

Mujeres

En mi corto viaje tuve la oportunidad de leer dos libros que hablaban sobre las mujeres. Un ensayo periodístico, que en no tantas páginas trataba de explicarle a los principiantes (y no tanto) que es (o que son) el feminismo/os, y una novela sobre la vida de dos mujeres afganas a las que el destino o el azar junta en medio de un contexto social sumamente conflictivo, que combina hechos históricos reales con una ficción que podría describir perfectamente la vida de esas mujeres a las que les toco vivir en esa situación. Encontre puntos de contacto entre ambos textos, porque si hay una situación extrema para la mujer hoy día es la que sufre por el extremismo religioso de unos cuantos países/sociedades de este mundo. Pero no son solo las religiones, sino todas las formas de relacionarse las que están mal paridas para que las mujeres crezcan con la cabeza en alto y no destinada a estar baja. Estas lecturas me llevaron a algunas cuantas reflexiones, que sintetizo a continuación en poquísimas líneas.
Las hay de todos los colores, etnias, pensamientos, cuerpos, lenguas, personalidad. Las hay pobres, ricas, medianas, altas, bajas, rechonchas, enfermas, sanas. Las hay violentadas, oprimidas, silenciadas, prisioneras, pisoteadas, invisibles. Las hay gritonas, rebeldes, luchadores, locas. Las hay indiferentes. Las hay de todos los tipos, de todas las definiciones que puedan ocurrirse, pero lo que hay es algo común a todas: que no somos libres si no peleamos por serlo. Es solo abrir un libro de la escuela, prender la televisión o la radio, prestar atención a un aviso de detergente, ropa o desodorantes, para sentirse totalmente pequeña y excluída. ¿Dónde están las mujeres reales? Por todos lados. Nosotras mismas, nuestras madres, nuestras amigas, nuestras enemigas... Y podría seguir. Pero estamos aquí. Tratando de desprendernos o adaptarnos a lo que otros quieren que seamos, y sientiéndonos culpables al querer ser nosotras mismas. Que el rollito de más, que la ropa fuera de temporada, que la negrura de la piel o la panza que cruje, lo mismo que los huesos. No hay mujer en este mundo que no tenga que luchar por sentirse verdadera, y la que no lucha y simplemente se adapta, vive triste, frustrada, o siente que por algún lado le falta algo. No es justo. No somos iguales, ni queremos serlo, sino que queremos ser lo que deseemos ser sin que haya una pared de violencia que se estrelle contra nuestro ser y nos deje inmóviles.
Estoy orgullosa de haber nacido mujer, con todo lo que eso implica. Y decido que voy a integrar las filas de ese grupo de mujeres en constante crecimiento, que lo único que quieren es ser libres de decidir que ser, como decir, si parir o no y cuando y como, y tantas cosas más. Y espero que seamos cada día más.

miércoles, 29 de julio de 2009

Momentos

Hay momentos que a uno le gustaría volver tangibles y archivarlos en cajas contenedoras para no olvidarlos nunca y tenerlos a mano en los días grises. La mente no siempre juega buenas pasadas, y olvida colores, sonidos, aromas, con una facilidad asombrosa. Desearía convertir esos momentos en algo más sólido, menos etéreos que una pompa de jabón, y agarrarlos y aferrarlos con fuerza con tal de que me transmitan su calor. Lamentablemente eso solo se vuelve posible en las imaginaciones poderosas, o en los sueños más vívidos, pero no en la realidad, y los momentos son momentos y pasan como pasa el tiempo en cualquier circunstancia de la vida, por más que a veces parezca que va más despacio o con más prisa. Hay algunos elementos que facilitan la fijación de los momentos, como objetos del lugar visitado, fotografías, notitas al pie dejadas en algún boleto de colectivo o entrada de cine, o simplemente con una conversación amena que lleve a evocar eso que nos hace tanto bien, por su sencillez o por su naturalidad, o por más cosas a la vez.
¿Qué pasa cuando esos momentos jamás ocurrieron, y solo existen en la mente de quien los añora? Se vuelve aún más complejo aferrarse, porque son como espejismos en una ruta transpirada, que se ven pero no se ven. Como si jugaramos un juego con alguien que nos cae mal. Los sueños a veces son eso al comienzo, momentos que se añoran pero que no han ocurrido aún, y que de no tener fe (y recursos, claro) estallan en el aire. ¡Hoy añoro tantas cosas! El burbujero produce a toda velocidad. Estos sueños tienen poca materialidad, comienzan algunos a tener forma y otros ni siquiera eso. Pero yo cierro los ojos y están ahí, bailando ante mí como si nada, como si ayer los hubiera vivido y hoy su recuerdo me atrapara en la oscuridad.

martes, 7 de julio de 2009

Hoy

Escribo mi historia en nuevas hojas. Nuevos son los caminos que ahora debo recorrer. Si tan solo el pasado fuera como una prenda de vestir, que se quita de encima y se guarda en el cajón, ¡qué fácil sería! Pero no. El pasado, en todas sus posibles formas, es más bien como un tatuaje. Una imagen o sensación grabada a fuego en la piel. Tatuaje que no es estático sino que tiene movimiento, que se pasea por el cuerpo haciéndose más o menos visible según la fragilidad emocional de quien lo posee.
He vivido siempre pendiente de mi pasado. De mis cuentas pendientes, de mis errores. De a quien defraude, quien ha sido lastimado por mis actos. Pocas veces recordé las cosas bien hechas, aunque si aparecieran los recuerdos que me hacían sonreír. Escribir del pasado fue siempre mi karma. No creo en el destino inamovible, así que es hora de que este karma empiece a cambiar. Ya no más llorar sobre la leche derramada, sino contar el presente, inventar el futuro. Los nuevos senderos llevan lejos mis pies, y debo seguirles el ritmo.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Identidad

¿Qué es la identidad? La verdad que muy bien no sé. Creo que es eso que hace que nos identifiquemos y nos diferenciemos de otros, nos da un marco en el cual decir "yo soy esto y no soy otra cosa". Pero es extraño. La mayoría de las cosas que se dice que nos dan identidad son cosas que no hemos elegido. Cosas impuestas por obligación o por azar. No elegimos el nombre que nos ponen. No elegimos cuando nacer, dónde vivir o a qué escuela ir. No elegimos a nuestros padres, abuelos, tíos. No elegimos la lengua en la cual hablamos. Y tanto con estos ejemplos como en otros se da la misma repetición. No tenemos posibilidades de constituir una identidad propia hasta llegar a una cierta edad, una cierta etapa de la vida, donde parecería que somos más libres y más independientes de todo aquello que hasta el momento nos daba identidad. Pero no sé si será realmente así. Cuando parece que lo es, comienzan la crisis, las preguntas incomodas. ¿Quién soy yo? Soy mujer, soy joven, soy hija, soy hermana, soy amiga, soy compañera, soy estudiante, soy argentina. ¿Soy argentina? ¿Qué es eso? Es una categoría impuesta. Yo no elegí ser "argentina", con todo lo que eso implica. Y esa, actualmente, es una de las categorías que más problemática me resulta en lo que a identificarme se refiere.

(continúa)

martes, 29 de julio de 2008

Una vez más se presenta la oportunidad de llegar más alto y dejar de sentir el vacío al que la vida nos tiene acostumbrados. Otro rostro, otra voz, un latido diferente que choca contra mí, desafiando mis esquemas y las fortalezas de cartón. Ya no alcanza con escalar la torre más alta: de ahora en más hay que poder derribar los muros. ¿Qué sentido tiene barajar y dar de nuevo si no cambiamos el juego? Apostemos lo que hay y lo que no, también; apaguemos de una vez por todas esa atrevida luz intermitente que grita de miedo con cada caricia bien hecha. Yo confío y le doy la chance al futuro de sorprendernos. Hasta ahora, no deja de hacerlo, y de hacerlo bien.

un desvelo creativo

Beli: y cuando te tengo enfrente me reduzco a un niño. En ese preciso momento, mi cerebro involuciona años luz y predomina el instinto. Creo que huelo en vos los mismos sentimientos que hacen eco dentro de mi pecho pero no me animo a preguntarte. Por miedo a que sea solo un eco, y solo en mi pecho. Creo, creo, creo.

Anu: ¿y qué es la vida sino una suma de creencias? por empezar, el creer que estamos aquí, que somos esto y no otra cosa. nuestra fe construye y mantiene en inestable equilibrio a ese castillo de naipes que representa nuestro existir. y a pesar de que a veces el viento se vuelva huracán y voltee cada carta del revés, nuestra fe junta las piezas y la vuelve a construir. y en el momento que no es capaz de hacerlo, cuando la fe se pierde y la desesperanza borra el reflejo en todos los espejos, ya no hay más que decir: la vida se escapó por la cornisa.


s o l o s é q u e m i s a m i g o s s o n t o d o l o q u e s o y.

domingo, 20 de julio de 2008

...

Ella se encontraba al costado de la cama, viendo como en su agonía se retorcía en sueños. Habían pasado varias horas y seguía ahí, a su lado, tomándole las manos, con los ojos cerrados y las lágrimas cayendo de una sobre sus mejillas, en un lamento lento y desgarrador. Solo levantaba los párpados de vez en cuando para volver a observar sus manos, como tantas veces lo había hecho en su vida juntos.
Esas manos, fuertes, rozagantes, estaban llenas de marcas de una vida siguiendo rumbos ajenos a su primer destino. Su blancura contrastaba con pequeñas cicatrices, que en vez de agrietar su aspecto las embellecía más aún. Sus manos decididas y valientes, como todo en él, que incontables veces han recorrido su cuerpo suavemente, con caricias improvisadas o adrenalina pasional, que le han arrancado las ropas y la vergüenza, esas manos que han rozado sus labios y detenido su prisa, hoy se encuentran frías, inmóviles, azuladas. Encarnan una muerte que se aproxima sin poder siquiera robarle unos segundos más de alegría: el espanto hecho carne.
Ella continúa extrañandolo en el silencio de su agonía: ¿cuántos han sentido calor antes desconocido gracias a esas manos en principio extrañas, luego amistosas y por último necesarias? ¿Cuántos lo lloraran mañana, como ya lo hacen ahora, cuando ya no esté? La promesa de un nuevo rumbo para los pueblos cansados quiere irse junto con la vida de este hombre, que supo luchar con todo el dolor de su espíritu para y junto a otros. Pero no es lo que el querría: él continuaría, sin descanso posible, continuaría esa búsqueda de justicia para aquellos que gastan su vida soñando una sola palabra, una sola realidad: libertad.
Ella se levanta, limpia sus lágrimas, le besa las manos. El mundo no se detiene, y ella debe ocupar ahora su lugar.
Me cuesta mucho expresar lo que siento en estos días, me está faltando inspiración. Las palabras ya no vienen a mí con tanta facilidad como de costumbre... es por eso que contar lo que tengo adentro en estos instantes se vuelve una tarea un tanto complicada. Sucede a veces que me encuentro rodeada de gente que dice quererme con toda su alma, pero me siento sola y confundida como si en realidad estuviera varada en un desierto vasto y helado. No tengo el poder de juzgar a nadie, eso lo sé, pero las formas de reaccionar ante el mundo que rodea sus pequeñas existencias choca a toda velocidad con mis puntos de vista, y el resultado es un ahogo violento de mi parte y ágil cambio de tema por parte de mis interlocutores. Me hago esta pregunta: ¿el individualismo tiene que ver con la inmadurez? ¿O es algo que viene dado con la crianza, con los discursos que nos atraviesan cada día sin que podamos notarlo, con la educación o la tradición? A la hora de las quejas todos tienen la última palabra, fuerte y pragmática como si se hubiera entrenado, pero si alguien habla de pensar soluciones lo que sobran son las risas, burlas o vacío de ideas. No sé si si existirá alguna forma de revertir esas malditas costumbres, pero si sé que necesito verdaderas conversaciones para sentirme útil, no monologos interconectados por cariño histórico.

martes, 24 de junio de 2008

El amor en tiempos modernos

Todos los días se escucha la misma puta pregunta: "¿estás de novio/a?" y de ser la respusta negativa, la contrapregunta: "¿ah no? ¿por qué?". Más que ningún otro medio, la televisión nutre de ese esceptisismo hacia la soledad sea cual sea su forma. Es obligatorio estar en pareja. Es obligatorio estar enamorado. ¿Estar enamorado dijiste? ¿Seguro?
El concepto y la idealizacion del amor en los jóvenes en estos tiempos remite a la necesidad de salvación, de ser salvados de la catástrofe que representa la realidad. Necesidad de que un sentiemiento nos mantenga aislados del sufrimiento colectivo que se hace presente en casi todos los ámbitos que hay que transitar cotidiana y obligatoriamente. A diferencia de los años 60 y 70, el amor no es símbolo de libertad, no potencia la energia revolucionaria: funciona como un sedante, una venda en los ojos. Es la síntesis de un individualismo que puede vivirse de a dos: "mientras te tenga a mi lado, el mundo no puede hacerme daño". Se desaprovecha la potencia creadora del amor en pos de emular una seguridad que no existe.Encerrarse en una burbuja no duele tanto si se tiene con quien compartir ese espacio reducido de negación. Se pone en manos del otro el bienestar, se vive de ilusiones y de estereotipaciones comerciales. Se corta el hilo que nos conecta con otros y nos deja dentro de un círculo vicioso; la ilusión, como es evidente, no dura por siempre. Cuando lo novedoso se acaba, cuando la rutina asfixia, se recuerda que lo ahí afuera existía un mundo. Y se emprende el traumático regreso a él. Los que no aprenden de su error, lo repiten por el resto de su historia.
Aprender del error: el amor no es un producto que se vende en la góndola del supermercado o se mira por TV. El amor es algo vivo, es energía, y como tal, no se pierde: se transforma. Aprender a transformar ese noble sentimiento en impulso generador de algo mucho mayor. Generador de una verdadera conexión, no solo con el otro, sino con otroS, con el mundo.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cambiar el mundo no es lavar culpas

En este último tiempo se ha dado una constante entre diversas agrupaciones políticas, religiosas o independientes: la realización de actividades en barrios humildes dedicadas exclusivamente a los más chicos. Los encargados de coordinar esas actividades, que van desde talleres de juego hasta apoyo escolar, suelen ser jóvenes de clase media con buena formación académica organizados por grupos que tienen algún tipo de poder construído dentro del barrio. En menor medida existen grupos nucleados independientemente, quienes se enfrentan a esa falta de poder con obstáculos impuestos por los que creen manejar el lugar.
Durante las actividades, que no suelen existir más que en un día concreto, los chicos buscan contención y cariño en los jóvenes. Algunos son dóciles, dulces, y otros llevan en su forma de ser las marcas del abandono vivido en su hogar: irrespetuosos, desafiantes, incluso agresivos. Sean como sean, todos comparten en un espacio común el ser marginados desde la infancia, el crecer con un resentimiento que se hace más fuerte cada día hacia todos los demás. Entre 3 y 9 horas de trabajo con concepciones distintas frente a toda una semana llena de injusticia dentro y fuera de sus casas. ¿Cuánto de este trabajo les genera un bien particular y cuánto les crea una contradicción que sus pequeñas mentes no están preparadas para soportar? Un rato de cariño que puede no sostenerse en el tiempo frente a la violencia cotidiana. Y en esta visión no estamos teniendo en cuenta la visión de los padres. Es desligarlos de una responsabilidad que como padres deben mantener, hacerles un favor que de favor tiene muy poco. Es no meterse con el problema real. Los chicos no necesitarian talleres de recreación si sus padres pudieran jugar con ellos. No necesitarian alfabetización si el Estado se ocupara de la educación como es su obligación. No necesitarían comedores si la riqueza estuviera en manos de todos y no de unos pocos, como estamos acostumbrados.
Por otro lado, están los jóvenes que concurren al barrio alentados por esa picazón dolorosa que sienten al mirarse al espejo y ver que todo anda mal y que no hacen nada para revertirlo. La culpa del buen burgués, ahogada en asistencialismo y caridad. Creer que con dar alcanza para vivir dignamente: malinterpretar la dignidad, la solidaridad. No meterse en el problema de raíz, no enfrentar la verdadera realidad. No entender que no alcanza con caminar por las calles de un barrio para sentir lo que se vive dentro de él.

(continuar después)

miércoles, 21 de mayo de 2008

Y este nudo en la panza parece no aflojar...

Hoy es un día donde la lluvia alienta mis ganas de llorar. Es un día para las lágrimas.
Quisiera tener miles de brazos, miles de pies, para poder hacer todo lo que me propongo. Pero hoy todos los dolores que vengo sufriendo últimamente se conjugaron para que estallara. Siento el alma partida, golpeada, producto de esta indignación amarga que siento al ver a mi alrededor. Una impotencia mezclada con furia que a la vez me paraliza y me entristece, pero me da ganas de hacer más y más, pero sé que no puedo hacer todo. No es viable ni conveniente.
Me duele vivir dentro de tanta miseria, con tantos hijos de puta sin nombre robandolé a otros las ganas de seguir viviendo, de poder vivir. Chicos en la calle alimentados a pan y a circo, este es un mundo de pan y circo. El que no sigue las consignas se muere. Y ya estoy cansada de toda esta mierda, de no ver una luz al final del camino, de sentir que por más que haga lo que haga no voy a conseguir nada! Y sobre todo, cansada de sentirme responsable por estar acá sentada escribiendo mientras otra como yo se muere de hambre y frío en la calle. Ni un milagro nos puede salvar de nosotros mismos.
Nos pasamos la existencia entretenidos en tantas pelotudeces, tantas cosas sin sentido... Los no son tan pequeños, tan inútiles, que el conformismo se mimetiza con la propia piel. Si el no es grande, poderoso, dicho a los gritos, ¿cuánto se puede durar sin que a uno lo bajen de un tiro? Es mentira que la libertad existe: el aire que respiramos es a préstamo.
Me cuesta no ser tan negativa en medio de esta basura... Me desespera saber tanto y quedarme en el molde. Yo no me quedo más en el molde. Yo me la voy a jugar. Eduardo dice: "hombre jugado, hombre quemado", pero también dice "nosotros decimos no". Prefiero que me quemen en la hogera a decir que sí y morir de artrosis de tanto estar arrodillada. Que les cueste reírse de nosotros a esos hijos de puta. Que sientan en carne propia el sufrimiento que atraviesan los que no saben si sus hijos van a poder comer. Yo no los pienso dejar ganar. Y voy a defender nuestra libertad, nuestro derecho a sentirnos dignos, hasta que mi vida llegue a su fin.
Hoy es un día para llorar. Mañana, la sonrisa que gana más batallas que la tristeza vuelve al ataque y vuelve a soñar. Pero hoy me doy el espacio de respirar por un minuto y recargar.

sábado, 10 de mayo de 2008

Fiebre

Domingo 11 de mayo del 2008.
03:44 a.m.

Cada día vivido aporta algo nuevo a mi existir. Incluso aquellos de apariencia irrelevante. El presente depende exclusivamente del pasado, por su condición efimera: un suspiro, y el segundo ya pasó a la historia. Las historias se construyen cada día, cada instante, si uno es conciente de ello. Conciente de que crear una propia historia es una responsabilidad. Son demasiados los que dejan que otros construyan su vida con cualquier material, generalmente por desconocimiento de causa. Ignorancia, desinterés; sea lo que sea, hay un pedazo de uno, o varios, o todos, que son construidos por otros. No quiero eso para mí. No lo quiero para nadie, pero no soy nadie para decirle a otros como ser, así que empiezo por decidir que quiero para mí. Yo quiero construir CON otros, construir un NOSOTROS.
El día de ayer podría haber sido uno más. No hubo hechos extraordinarios, grandes logros o declaraciones inéditas. Hubo cosas esenciales, invisibles a los ojos de cualquiera. Pero yo los pienso y así les doy valor, los pongo en palabras para que no se pierdan en la niebla de mi frágil memoria. Lo más importante que tengo que rescatar de este día, fue como otros fueron plasmando en mí su esencia. Una sucesión de intercambios, positivos, negativos, pero siempre de ida y vuelta.
En mi despertar, palabras de aliento, de cariño, risas telefónicas. Luego, un mediodía tratando de diferenciar amistad de trabajo, buena onda de explotación. Palabras duras, lecciones de vida y lucha de egos compartieron la escena. Al instante, la sangre siempre presente y en la mesa, la voz de la experiencia de los que me vieron nacer. Tratando de poner un poco de equilibrio en mi balanza interna, entre locura y seguridad. "La palabra para algunos no vale nada, pero si vos das la tuya, hacela valer". Más tarde, amargura en carne viva al hacerme un ovillo sobre el colchón... mi momento de soledad del día, el que me hizo abrir los ojos a lo que necesitaba para sonreír. Vueltas y vueltas, lo común en mí, y a compartir mate, gritos y mimos con mis grandes amores. Mis amigas. Conversaciones fuera de lo común, pero no por eso menos necesarias. "Eres responsable de lo que has domesticado". Volver a mi hogar, volver a estar conmigo, sentirme mejor. Y otra vez la telefonía inundandolo todo, choque de dos planetas afines pero distantes en espacio y en tiempo, en atmósfera. "La sinceridad es lo que cuenta". No es un choque, es más bien una melodía, instrumentos de viento tratando de coordinar dentro de la misma canción. Difícil, cuando las notas son opuestas... Pero intentar hace más bien que mal, hace crecer.
Crece y crece la sensación de que sola no existo. Que necesito a otros para "sobrevivir". Y no es una necesidad relativa, es una necesidad real. Como tantas otras cosas que siento necesarias, pero esta es fundamental. Poder mirar los ojos de otro, desde la misma altura. Horizontal como lo es el mar cuando vemos amanecer: es la única forma de sentir que el sol, la luz, el calor, se elevan más allá de lo imaginable.

Ya es otro día y mis pequeños malestares son físicos, no del alma. Pero hace media hora mi cabeza ardía. Fiebre: ideas subiendo de tono hasta sentir que puedo estallar sino las dejo salir. Ahora que todo está escrito... me siento mejor.

martes, 29 de abril de 2008

"Artesanos en vías de extinción"

Desde la altura de sus creaciones, los artesanos miran a la vida correr exaltada por una de las calles más transitadas y conocidas de Buenos Aires. Conviven en la misma senda con otras formas de expresión y de supervivencia, desde cartoneros hasta turistas, pasando por aborígenes vestidos con su ropa tradicional al mismo tiempo que consumen hamburguesas de Mc Donalds. No es mucha la gente que les presta atención, porque en este mundito es poca la que mira más allá de sus propios asuntos. Sobre todo en un camino donde la velocidad multiplica la invisibilidad.

Son personas con otra forma de mirar esta vida, compartamos su gusto personal por ella o no, pero de hacer el "esfuerzo" de sentarse a hablar un rato con ellos, resultan ser personas de lo más agradables, con las que se pueden tener charlas lindas, que te dejan con una sonrisa...

Lamentablemente hoy no fue el caso, porque después de las sonrisas quedo en evidencia un problema: "nos quieren echar, no quieren que estemos acá". El nuevo gobierno de la Ciudad, con sus infinitos brazos de amable represión, quiere calles limpias, gente sana, y más muertos de hambre. Así vamos a llegar muy lejos... Para ampliar la información, les transcribo gran parte del volante que me entregó uno de ellos hoy:
"Como los cartoneros, centros culturales, salud y educación públicas, entre otros, el PRO también persigue y criminaliza los artesanos independientes.
Desde el 20 de febrero, se desarrollan en la Ciudad operativos que buscan "limpiar" las calles de la gente que trabaja.
Estos operativos, llevados a cabo de forma irregular (sabiendo que el decomiso de artesanías es ilegal), llegaron su punto máximo el día 16 de abril cuando llevaron detenido a un compañero y le iniciaron una causa penal, por evitar que le arrebaten sus artesanías. Los operativos están a cargo del Secretario de Ferias y Mercados Rolando Berón.[...]"

La verdad que en estos días el mundo me está poniendo en mi peor humor. No cabe en mi cabeza cómo puede ser que haya TANTA, pero TANTA injusticia por TODOS lados! La esperanza es lo último que se pierde y yo no le voy a soltar la mano pero, vamos, ¿cómo no querer cerrar los ojos a tanta miseria humana? Y eso que estamos rodeados de problemas que indignan todavía más...

Más info a: artesanosindependientes@live.com.ar

lunes, 21 de abril de 2008

"...será que no te tengo enfrente para tus labios acariciar, será que entre toda la gente yo no te puedo encontrar...", le cantaba él a ella, ella le cantaba a él. En la noche oscura más se extrañan, más se añoran, pero no logran ver más allá. Sus corazones crean para ellos un mundo de ilusión donde no le está permitido entrar a nadie más. Son ellos y su magia. La magia existe, se necesita para hacer funcionar a la imaginación. Ellos imaginan un mundo donde la felicidad no sea un pecado mortal, porque sea cosa de todos... quieren volar alto, creen en llegar al cielo de a dos. Al abrir los ojos después de cada éxtasis de amor, vuelven a la realidad que los contamina poco a poco. La realidad se come sus colores. Si no se tienen el uno al otro, los amantes pierden el brillo. Solo logran fugarse de la tristeza juntos, solo juntos. Pero no se encuentran. Cada uno sigue viviendo solo en la imaginación del otro, esperando ser descubiertos entre la niebla.